A comienzos de los años 70, Rubby Pérez creía que su destino estaba escrito en diamante y cuero: el béisbol. El adolescente dominicano de San Cristóbal soñaba con conquistar las Grandes Ligas, aferrado al bate y a los gritos de las gradas. Pero el guion de su vida tuvo un giro inesperado. Un accidente automovilístico truncó su carrera deportiva y destrozó su pierna. Lo que parecía el fin se convirtió en un renacer: la música le abrió una puerta cuando el estadio se cerró.

Con la pierna enyesada y una guitarra en manos temblorosas, Rubby descubrió su plan B. La vida, caprichosa como una DJ en plena sesión, le puso un disco diferente bajo la puerta: uno con tambora, güira y una promesa caribeña de fiesta. Así nació el cantante que décadas después sería reconocido como “la voz más alta del merengue”.

De la tragedia al merengue

Roberto Antonio Pérez Herrera nació el 8 de marzo de 1956 en Bajos de Haina. Su apodo, "Rubby", le vino de su abuela, que lo llamaba “mi rubí negro”, por ser el único nieto afrodescendiente. Criado en una República Dominicana donde las orquestas merengueras eran parte de la vida cotidiana, Rubby canalizó el duelo de su accidente hacia el canto. Primero, desde la cama del hospital. Luego, en el Conservatorio Nacional de Música de Santo Domingo, donde estudió piano, guitarra y desarrolló su técnica vocal.

Su primera gran oportunidad llegó al sustituir a Fernando Villalona en la orquesta Los Hijos del Rey. Pero su salto al estrellato vino en 1980, cuando Wilfrido Vargas lo integró a su orquesta. Fue allí donde Rubby forjó su leyenda, con presentaciones intensas, voz de clarín y una energía desbordante que lo diferenciaba del resto. El tema “El africano” fue su carta de presentación: “Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?”, entonó, y el país entero lo escuchó.

Vargas no tardó en bautizarlo como “la voz más alta del merengue”, un título que se volvió parte del mito.

El merengue como crónica nacional

El merengue ha sido más que música en República Dominicana. En tiempos de ocupación extranjera y dictaduras, fue vehículo de resistencia. El dictador Trujillo lo utilizó como propaganda, mientras el pueblo lo convirtió en crónica cantada. Rubby Pérez llegó justo cuando el género entraba en su etapa dorada, en los años 80, junto a figuras como Wilfrido Vargas, Juan Luis Guerra y Johnny Ventura.

Cuando Rubby se lanzó como solista en 1987, con el respaldo del productor Bienvenido Rodríguez, lo hizo con fuerza. Su álbum debut, impulsado por el sencillo “Buscando tus besos”, lo posicionó en la lista Tropical Albums de Billboard y se convirtió en fenómeno en Venezuela, Miami y Ciudad de México. Su voz aguda y poderosa, inusual en el merengue tradicional, capturó a una generación.

“Volveré”: la canción eterna

En los años 90, Rubby Pérez consolidó su carrera con un himno inesperado: “Volveré”. Originalmente una balada del español Chiquetete, la canción fue adaptada al merengue por Ramón Orlando. Ningún cantante lograba darle el tono adecuado hasta que Rubby, según se cuenta, la grabó a medianoche tras una llamada urgente. Su interpretación, mezcla de lirismo y potencia, convirtió el tema en un éxito continental.

“Volveré” sonó en bodas, en taxis, en las emisoras de Nueva York, Caracas y Santo Domingo. El estribillo —“Volveré, volveré”— se volvió mantra y consuelo para la diáspora, especialmente para los migrantes que añoraban el Caribe desde el frío del norte.

Un catálogo para celebrar y resistir

Rubby Pérez no fue un artista de un solo éxito. “Enamorado de ella”, “Sobreviviré”, “Tú vas a volar”, “Cobarde, cobarde”, “Hipocresía”, entre otros temas, mostraron su versatilidad: podía pasar del despecho a la picardía, de la épica al humor. Su capacidad vocal le permitió mantenerse vigente incluso cuando el merengue enfrentaba la competencia de la bachata y el reguetón en los años 2000.

En 2022, con más de cuatro décadas de carrera, lanzó el álbum Hecho está, donde volvió a demostrar que su voz seguía intacta, como si nunca hubiera dejado el escenario.

Un legado más allá de la música

Rubby también fue solidario. En 2010, recibió reconocimientos en Estados Unidos por su labor humanitaria durante el terremoto de Haití. Y en 2024, durante la edición 40 de los Premios Soberano, fue homenajeado como figura esencial del merengue.

Pero la tragedia lo alcanzó el 8 de abril de 2025. Mientras ofrecía un concierto en la discoteca Jet Set de Santo Domingo, el techo del local colapsó, provocando la muerte de 236 personas, entre ellas, Rubby Pérez. La noticia conmocionó a República Dominicana y a toda Latinoamérica. En su natal Haina, se improvisó un velorio popular. En Caracas, emisoras desempolvaron vinilos. Su despedida fue tan multitudinaria como su vida.

La voz que sigue sonando

Rubby Pérez fue más que un cantante: fue un fenómeno cultural, un símbolo de resiliencia y una de las últimas voces doradas del merengue clásico. Su influencia se extiende hasta hoy: en 2023, “Volveré” revivió en TikTok con millones de reproducciones, y artistas como Rosalía o Karol G han incorporado estructuras merengueras en sus éxitos globales.

Hoy, al poner “El africano” en una fiesta o al cantar “Buscando tus besos” en una guagua camino al sur, Rubby sigue ahí. No importa que su voz no resuene más en un escenario físico. Cada vez que suenan esos primeros acordes, el Caribe lo reconoce.

Y sí, vuelve.